La tragedia de Nepal plantea una pregunta que va más allá del balance de víctimas: ¿cómo mantener las telecomunicaciones de emergencia cuando una inundación destruye también las infraestructuras? La OMM documentó las inundaciones repentinas del 26 de agosto de 2026 y la investigación de una posible avalancha de hielo y roca. Retiro de esta revisión las cifras de 1.259 fallecidos y más de 5.000 desaparecidos, al no haber podido confirmarlas en una fuente oficial fechada. En paralelo, la actualización de septiembre de la OMM sobre El Niño prevé una probabilidad cercana al 100 % de persistencia hasta el trimestre diciembre de 2026–febrero de 2027. Son dos asuntos relacionados con la preparación ante riesgos, no una causalidad demostrada entre El Niño y este desastre.
Los titulares sobre víctimas no deberían desplazar el análisis de la prevención. Desde mi óptica, la pregunta de fondo es si la alerta llega a tiempo, se entiende y permite actuar. La OMM pide cerrar brechas en la cadena de aviso; eso no demuestra un colapso absoluto de todos los sistemas de alerta ni permite atribuir un número concreto de muertes a las telecomunicaciones.
Telecomunicaciones de emergencia en Nepal: el riesgo de desconexión
Una inundación o un deslizamiento puede dañar estaciones de telecomunicaciones, líneas eléctricas y enlaces de transporte. La continuidad del servicio depende también de las baterías, los generadores y las rutas de respaldo disponibles. No puede afirmarse que todas las redes móviles fallen primero o que todas dependan exclusivamente de fibra óptica.
La información de la OMM confirma cortes eléctricos y daños en estaciones de seguimiento hidrológico. La cuestión que planteo es qué redundancias existían y cómo funcionaron: enlaces alternativos, radios VHF/UHF, comunicaciones HF o satelitales. No he encontrado una auditoría oficial que permita afirmar que miles de desaparecidos quedaron sin avisos por un fallo de radio específico. La Unión Internacional de Telecomunicaciones explica el papel de las comunicaciones en las emergencias: hacen falta sistemas complementarios y coordinación, no confiar toda la respuesta a una sola red.

El Niño hasta 2027: Una prueba de estrés para la red global
El pronóstico de la OMM es una razón para reforzar la preparación, no una garantía de apagones tecnológicos globales. Sus efectos sobre temperaturas y precipitaciones varían según la región, la estación y otros factores. Convertir una previsión climática en una catástrofe inevitable sería confundir riesgo con certeza.
El calor extremo, las inundaciones y los fallos eléctricos pueden poner a prueba la refrigeración y continuidad de las redes. Las tormentas solares son otro riesgo distinto: NOAA explica que proceden de la actividad del Sol, no de El Niño. Tampoco cabe afirmar que El Niño aumente todos los huracanes: la OMM señala que suele reducir la actividad en el Atlántico. La planificación debe atender a los riesgos de cada territorio, sin mezclar fenómenos diferentes.

Mucha ‘Smart City’ y poca resiliencia
Tener criterio propio exige cuestionar la narrativa del progreso tecnológico lineal. Nos venden la utopía de las Smart Cities, del Internet de las Cosas y del coche conectado; a mi juicio, esa promesa queda incompleta si no incluye continuidad de servicio ante desastres.
De poco sirve tener un smartphone de mil euros en el bolsillo si, cuando falla la red, no hay un plan de respaldo. Mi propuesta es dedicar más atención a las telecomunicaciones de emergencia, los simulacros y los avisos accesibles para toda la población. Los planes nacionales de telecomunicaciones de emergencia promovidos por la UIT ofrecen un marco para coordinar esa preparación. Una radio autónoma puede ayudar, pero no garantiza por sí sola un rescate: necesita cobertura, operadores preparados, protocolos y una respuesta organizada.
Para seguir leyendo
- Canarias y la ruta atlántica: comunicaciones y límites del rescate marítimo.
- Computación cuántica: distinguir las posibilidades de las promesas tecnológicas.
- Manipulación mediática: datos, contexto y pensamiento crítico.
Revisión documental: 3 de septiembre de 2026. Se han separado los daños documentados, las previsiones climáticas y la valoración del autor, y corregido la asociación entre El Niño y las tormentas solares.
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